Una de las primeras sorpresas que se lleva el viajero hispanohablante al recorrer las calles de Estambul es que las farmacias turcas, llamadas eczane, no se parecen en nada a las cadenas modernas que conocemos en Madrid, Buenos Aires o Ciudad de México. No hay pasillos interminables de champús, ni estanterías con juguetes o productos de parafarmacia: se entra, se saluda al farmacéutico que atiende tras el mostrador, se explica el problema y se sale en menos de cinco minutos con el medicamento en la mano. Comprender cómo funciona este sistema es útil para cualquier visitante, porque en algún momento del viaje casi todo el mundo necesita un analgésico, una crema para una rozadura del calzado o algo para el estómago después de una cena copiosa de meze.
La palabra eczane se lee “ecdané”, con el acento en la última sílaba. Proviene del persa y significa literalmente “lugar de los medicamentos”. En Turquía solo un farmacéutico titulado puede regentar una, y la ley exige que cada establecimiento esté físicamente atendido por un profesional durante su horario de apertura. Esta es la razón por la que una eczane nunca se encuentra dentro de un supermercado ni forma parte de una cadena al estilo español: cada farmacia es un negocio independiente, heredado a menudo de padres a hijos, y suele llevar el apellido de la familia escrito en la marquesina.
La señal que hay que buscar: cruz verde y la E roja
Reconocer una eczane en plena calle es muy sencillo en cuanto se sabe qué buscar. Hay dos símbolos universales que la identifican en toda Turquía:
- Una cruz verde luminosa, normalmente con luces LED que parpadean o cambian de color. Es idéntica a la que usan las farmacias en España o en Francia, por lo que resulta familiar al instante.
- Una letra E roja mayúscula, a menudo dentro de un círculo o en un rótulo vertical, colocada sobre la puerta o en el lateral de la fachada. Esta E corresponde a la inicial de “eczane” y es el distintivo oficial aprobado por el Ministerio de Salud turco.
En los barrios turísticos como Sultanahmet, Beyoğlu o Kadıköy siempre hay una eczane a pocos minutos a pie, y muchas mantienen carteles multilingües en turco, inglés y, cada vez con más frecuencia, en español, sobre todo en las zonas de mayor afluencia hispanohablante.
Consejo de un local 💡 Cuando acompaño a un viajero a su primera eczane, le digo que entre directamente y diga en voz clara lo que le pasa, aunque sea con mímica. El farmacéutico turco está acostumbrado a diagnosticar en el mostrador y resolver en segundos lo que en España requeriría una cita médica. No hay que pedir hora ni hacer cola virtual: es una medicina de proximidad, muy humana.
Medicamentos que se compran sin receta
Este es el punto en el que más se sorprende el viajero hispanohablante. En Turquía, una parte notable de los medicamentos que en España, Argentina o Chile solo se dispensan con receta médica están disponibles directamente en el mostrador. No se trata de una irregularidad, sino del marco legal vigente: el farmacéutico está habilitado para recomendar y vender muchos tratamientos de uso común sin exigir prescripción.
Entre los productos más solicitados por los visitantes destacan:
- Analgésicos y antiinflamatorios como paracetamol, ibuprofeno y naproxeno, a precios que rondan los 30 a 60 TL la caja (aproximadamente 1 euro).
- Protectores gástricos como omeprazol o pantoprazol, muy útiles tras jornadas intensas de cocina turca.
- Antihistamínicos para alergias primaverales, desde 40 TL.
- Cremas con corticoides suaves para picaduras o irritaciones.
- Sildenafilo (Viagra) y tadalafilo (Cialis) genéricos, que en Turquía se venden sin receta en la mayoría de eczane, algo que llama la atención a muchos viajeros europeos.
Los antibióticos, en cambio, sí requieren receta médica desde la reforma sanitaria de 2014. Si un viajero necesita uno, debe acudir primero a un centro médico o a urgencias hospitalarias, que en el caso del American Hospital o el Acıbadem ofrecen servicio en inglés.
Nöbetçi eczane: la farmacia de guardia siempre disponible
Por las noches, en domingos o durante las fiestas nacionales, la mayoría de eczane cierran. Pero el sistema sanitario turco garantiza que, en cada barrio, haya siempre una farmacia de guardia abierta las 24 horas. Esta figura se llama nöbetçi eczane y funciona mediante un turno rotatorio supervisado por el Colegio de Farmacéuticos de Estambul.
Para localizarla hay varias opciones:
- Mirar el cartel de la propia eczane cerrada: junto a la puerta, un papel indica cuál es la nöbetçi más cercana esa noche, con dirección y teléfono.
- Consultar la web oficial del İstanbul Eczacı Odası (iio.org.tr), donde se introduce el distrito y aparece el listado actualizado.
- Llamar al 112, el número único de emergencias turco, que indica la farmacia de guardia más próxima.
Precios regulados: un detalle que conviene conocer
A diferencia de lo que ocurre en muchos países hispanohablantes, en Turquía el precio de los medicamentos está regulado por el Estado y es idéntico en cualquier eczane del país. No existe diferencia entre una farmacia del Gran Bazar y otra de un barrio residencial de Kadıköy: el mismo envase cuesta exactamente lo mismo. Esto elimina la necesidad de comparar precios y protege al viajero de cualquier intento de sobrecoste.
Frases útiles para entrar con confianza
Aunque el farmacéutico suele manejarse en inglés básico, unas pocas palabras en turco facilitan la conversación y se reciben siempre con una sonrisa:
- Merhaba — Hola.
- Ağrı kesici lütfen — Analgésico, por favor.
- Mide için bir şey — Algo para el estómago.
- Boğaz ağrısı — Dolor de garganta.
- Teşekkür ederim — Gracias.
Con estas nociones básicas y la capacidad de reconocer la cruz verde con la E roja, cualquier viajero puede resolver una incidencia menor de salud sin perder una mañana de visita. Las eczane de Estambul son, en definitiva, una de esas pequeñas piezas del día a día local que hacen que moverse por la ciudad sea más sencillo de lo que muchos temen antes de llegar.