Ruta en ferry por el Cuerno de Oro para visitar Hasköy y el Museo Rahmi Koç
¿Sigues peleándote con el tráfico de la avenida Tarlabaşı para intentar llegar al norte de la ciudad? Déjame decirte que estás cometiendo un error de principiante. Mientras los demás se desesperan dentro de un taxi amarillo, viendo cómo el taxímetro corre más que el propio coche, yo suelo estar con un çay caliente en la mano, apoyada en la barandilla de madera, observando cómo las siluetas de las mezquitas se hacen pequeñas desde la popa del ferry.
El otro martes, a eso de las 10:30 de la mañana, pasé por el muelle de Karaköy y vi a una pareja de viajeros con la cara desencajada intentando negociar un precio absurdo con un conductor. Les hice una seña hacia la terminal de la línea del Haliç. Por apenas 30 TL (una miseria si piensas que 1 EUR equivale a 50 TL), tienes el mejor palco de Estambul. Navegar por el Cuerno de Oro no es solo transporte marítimo; es una transición sensorial. El agua aquí tiene un color distinto y el ritmo de los barrios que bordean la orilla, como Fener o Balat, se siente mucho más humano desde la cubierta de estos barcos veteranos.
Mucha gente se queda en el puente de Gálata y cree que ya lo ha visto todo, pero el Estambul auténtico se esconde un par de paradas más allá. Mi destino favorito para escapar del bullicio es Hasköy. Allí, el aire es más limpio y la historia no se siente como un parque temático, sino como algo vivo. Al desembarcar, el camino te lleva casi por inercia hacia el Museo Rahmi Koç. Es un lugar que me fascina porque, a diferencia de otros museos más rígidos, aquí puedes tocar la historia, subirte a tranvías antiguos o ver de cerca un submarino, disfrutando de unas vistas panorámicas que te hacen olvidar que hace media hora estabas en medio del caos de la ciudad. Es el plan perfecto para quien ya se cansó de las colas infinitas y busca una experiencia que realmente valga cada minuto de su tiempo.
La travesía por el Haliç: El mejor billete de 30 céntimos de tu vida
Subirse a un ferry para recorrer el Haliç es la decisión más inteligente que puedes tomar en Estambul, especialmente si valoras tu cordura y odias el tráfico denso que asfixia los puentes. Mientras los turistas primerizos se quedan atrapados en un autobús sudoroso, tú estarás navegando por el Cuerno de Oro pagando apenas 15 TL —lo que al cambio de 1 EUR = 50 TL son exactamente 30 céntimos de euro—. Es, sin duda, el crucero con mejor relación calidad-precio del planeta, compitiendo directamente con la famosa ruta en ferry hacia Anadolu Kavağı por el Bósforo.
¿Karaköy o Eminönü? Dónde empezar sin perder los estribos
Si quieres mi consejo de local, evita el muelle de Eminönü entre las 12:00 y las 18:00 si no quieres sentirte como una sardina en lata. Cruza el puente y sal desde el muelle de Karaköy. Es mucho más tranquilo, las colas son inexistentes y te permite ver cómo el ferry maniobra con elegancia bajo el Puente de Gálata. El otro día vi a un viajero perder su sombrero de diseño justo al pasar bajo el puente; el efecto túnel del viento allí es traicionero. Sujeta bien tus pertenencias hasta que el barco salga a cielo abierto, o tu recuerdo de Estambul terminará flotando hacia el Mar de Mármara.
Desde el agua, la perspectiva de la Mezquita de Süleymaniye es simplemente insuperable. Ni el mejor dron del mundo capta la magnitud de la obra de Sinan como lo hace el Vapuru cuando se aleja de la orilla. Es el único ángulo donde las cúpulas parecen flotar sobre el caos de la ciudad.
Esin’s Insider Tip: Para el viaje de vuelta, intenta sentarte en el lado izquierdo del ferry. Tendrás el mejor ángulo para fotografiar el atardecer cayendo sobre las cúpulas de Fatih sin que te estorbe la barandilla.
Cómo tomar el ferry del Cuerno de Oro paso a paso
- Compra una Istanbulkart en las máquinas amarillas de cualquier estación de tranvía o metro.
- Recarga al menos 60 TL (1,20 EUR) para asegurar el trayecto de ida y vuelta de todo tu grupo.
- Localiza el muelle (Iskele) de Karaköy con el cartel “Haliç Hattı”.
- Valida tu tarjeta en el torno unos 10 minutos antes de la salida programada.
- Busca un asiento en la cubierta superior exterior, preferiblemente alejado de la salida de humos del motor para no terminar oliendo a gasoil.

Llegada a Hasköy: Un barrio con alma industrial y cero pretensiones
Hasköy es el antídoto perfecto si ya te has agobiado con las multitudes de Instagram que inundan la orilla opuesta. Al bajar del ferry, lo primero que notas es el silencio, solo interrumpido por el graznido de alguna gaviota y el sonido del agua golpeando el muelle de madera. Aquí no encontrarás fachadas pintadas de colores pastel para atraer likes; la belleza de este barrio es bruta, metálica y honesta, manteniendo ese orgullo de su pasado como astillero imperial.
El muelle y el paseo: Donde los locales realmente pescan
A diferencia de los muelles caóticos de Eminönü, el de Hasköy es minúsculo y transmite una paz casi de pueblo. La última vez que estuve allí, un martes a las 11:30 de la mañana, me detuve a observar a los pescadores que flanquean el paseo marítimo. No son figurantes para la foto: pescan para cenar. Si te acercas, verás que sus cubos están llenos de pequeños boquerones. Si te entra sed, hay un pequeño quiosco municipal cerca donde un té (çay) cuesta apenas 15 TL (unos 0,30 EUR). Es un lugar ideal para sentarte cinco minutos y entender que Estambul no solo son mezquitas y bazares, sino también este ritmo pausado frente al Cuerno de Oro.
Huellas del pasado: Patrimonio judío en la colina
Hasköy no siempre fue solo talleres y barcos; durante siglos fue el corazón de la comunidad judía de la ciudad. Aunque hoy el barrio es mayoritariamente residencial y obrero, todavía puedes ver el imponente cementerio que trepa por la colina. Si te interesa explorar estas zonas menos trilladas, te recomiendo seguir el rastro del tesoro oculto de Zeyrek, que comparte esa atmósfera de autenticidad que ha resistido al turismo de masas. Si tras este baño de realismo local te apetece un contraste más artístico, es muy sencillo ver los mosaicos de la Mezquita de Kariye cruzando en un taxi rápido hacia Edirnekapı.

Museo Rahmi Koç: El paraíso de los cacharros (y el submarino de verdad)
Este lugar es el museo más divertido de Estambul si tienes un mínimo de curiosidad por cómo funcionan las cosas y quieres huir de las alfombras y los azulejos por unas horas. Aquí, el magnate Rahmi Koç ha desplegado su obsesión personal por coleccionar todo lo que tenga ruedas, hélices o engranajes, creando un espacio donde el olor a aceite de motor y el metal reluciente te reciben con una bofetada de nostalgia industrial.
Lâleli y la colección de coches: brillo y gasolina clásica
La sección de coches antiguos, ubicada en el histórico edificio Lâleli (una antigua fábrica de anclas), es un espectáculo para la vista y el olfato. Los vehículos están tan impecables que parecen recién salidos del concesionario en 1950, aunque el aroma a gasolina clásica y cuero viejo te recuerda que estas máquinas tienen alma. Recuerdo que la última vez que lo visité, me quedé atrapada viendo a un mecánico ajustar el carburador de un Rolls-Royce mientras los reflejos del sol en el cromado me obligaban a sacar las gafas de sol. Si vas con el tiempo justo, prioriza los deportivos americanos de los años 50; son esculturas rodantes.
El submarino TCG Uluçalireis: respira hondo
Entrar en el submarino TCG Uluçalireis es una experiencia intensa. Es un veterano de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, y por dentro el espacio es “minimalista”. El pasado sábado llegué a la taquilla a las 14:15 y me encontré con una fila de 12 personas solo para el ticket del submarino; tuve que esperar 25 minutos bajo el sol porque solo permiten grupos pequeños.
Si mides más de un metro ochenta o te agobian los ascensores llenos, prepárate: los pasillos son tubos de metal estrechos. La entrada general al museo cuesta unos 500 TL (10 EUR), pero para subir al submarino hay que pagar un extra de unos 150 TL (3 EUR). Si sufres de claustrofobia, quédate en el muelle disfrutando de las vistas; el interior es fascinante, pero no apto para todos.
Esin’s Insider Tip: Si quieres entrar al submarino, llega al museo antes de las 11:00. Las plazas son limitadísimas y se llenan con grupos escolares antes de que puedas decir ‘periscopio’.
5 paradas obligatorias en el Museo Rahmi Koç
- El Cadillac de 1938: Una bestia de dieciséis cilindros que te hace sentir como un extra en una película de gánsteres.
- Avión Douglas DC-3: Está aparcado en el jardín y puedes asomarte para ver una cabina llena de relojes analógicos.
- El ferry de vapor ‘Fenerbahçe’: Un barco histórico atracado en el muelle donde puedes tomar un té turco mientras sientes el balanceo suave del agua.
- Colección de maquetas navales: El nivel de detalle es tan obsesivo que podrías pasar una tarde entera analizando los aparejos de un solo galeón.
- El taller de reparaciones: Donde artesanos reales restauran piezas de barcos con tornos y herramientas pesadas frente a los visitantes.

Logística y precios: No dejes que te líen con el cambio
Ir al Museo Rahmi Koç no te va a arruinar, pero Estambul en 2026 exige que saques la calculadora. La entrada general para adultos cuesta 800 TL (16 EUR), un precio razonable para la magnitud de la colección, aunque recuerda que aquí las tarifas suben rápido.
Un punto crítico es tu Istanbulkart. El muelle de Hasköy es encantador, pero su máquina de recarga tiene la mala costumbre de estar fuera de servicio. Recarga suficiente saldo en Eminönü o Karaköy antes de zarpar. Si te quedas a cero en Hasköy, te verás rogando en algún kiosco local o caminando más de la cuenta.
| Concepto | Precio en Liras (TL) | Precio aprox. (EUR) | Recomendación |
|---|---|---|---|
| Entrada General Adulto | 800 TL | 16,00 EUR | Imprescindible |
| Suplemento Submarino | 150 TL | 3,00 EUR | Comprar antes de las 11:00 |
| Trayecto Ferry (Haliç) | 30 TL | 0,60 EUR | Tener saldo previo |
| Café en el museo | 120 TL | 2,40 EUR | Vistas magníficas |

¿Hambre en la zona? Evita los sándwiches tristes del museo
No pierdas tu tiempo ni tu presupuesto en la cafetería interna del museo; esos sándwiches de plástico no merecen la pena. Una vez cometí el error de pagar 600 TL (12 EUR) por un pan frío dentro del recinto porque “tenía prisa”, y todavía me duele el orgullo al recordar el aroma a brasa que venía de la calle de atrás.
Kebabs en la calle principal: El sabor de Hasköy
Mi opción favorita es salir a la calle principal de Hasköy. Allí encontrarás locales familiares donde el Kebab se cocina con honestidad. Hace poco paré en uno de estos sitios pequeños y, por solo 315 TL, disfruté de un Dürüm de cordero acompañado de un Ayran servido en jarra de metal. Si después de esto te quedas con ganas de explorar el lado más dulce de la ciudad, siempre puedes echar un ojo a esta guía sobre la repostería otomana y sus secretos.
El café del ferry: El cierre perfecto
Si el hambre no te aprieta demasiado, aguanta hasta subir al ferry de vuelta. Por apenas 30 TL (0,60 EUR), un Çay caliente en la cubierta exterior es el mejor digestivo posible. No hay restaurante de cinco estrellas que supere la sensación de ver cómo el sol rebota en las cúpulas de la ciudad con un vaso de té en la mano.
Preguntas frecuentes de quienes temen perderse en el Haliç
¿Qué pasa si pierdo el último ferry de vuelta a Karaköy?
Que no cunda el pánico; yo misma me quedé embobada una vez con un atardecer en el muelle y vi cómo el barco se alejaba sin mí. Tu salvación es el autobús 47 (líneas 47, 47E o 47Ç). Pasan con muchísima frecuencia por la calle principal detrás del museo y te dejan en Eminönü en unos 25 minutos por menos de 30 TL.
¿Es el Museo Rahmi Koç un buen plan para ir con niños?
Es, posiblemente, el mejor plan de Estambul para ellos. Pueden subir a coches clásicos y entrar en cabinas de aviones. Eso sí, para visitar el submarino, ten en cuenta que los niños deben medir más de 1,20 metros por seguridad. Si vas en fin de semana, intenta llegar a las 10:00 para evitar las colas de las familias locales.
El sabor final del Cuerno de Oro
Caminar por las calles de Hasköy me recuerda por qué sigo viviendo aquí después de quince años: es uno de los pocos refugios que todavía no ha sido devorado por las hordas de cruceristas. La última vez que estuve allí, me quedé tanto tiempo viendo cómo el sol rebotaba en el casco del submarino TCG Uluçalireis que perdí el ferry de las 17:30 por tres minutos; me tocó esperar el siguiente sentado en un banco de madera, compartiendo un simit con un gato que parecía tener más autoridad que el propio capitán del barco.
Ese trayecto de vuelta hacia Karaköy o Eminönü por apenas 30 TL es el mejor bálsamo para el espíritu. Aprovecha ese silencio del Cuerno de Oro y el olor a salitre mezclado con aceite de motor antiguo antes de que el ferry atraque y te devuelva al caos magnético de la ciudad.
Comentarios
Comparte tus pensamientos con nosotros